Mafalda es una niña de nueve años como cualquier otra. Le gusta mucho ir a clase, jugar al futbol y su gato al que llama Ottimo Turcaret. Ella está segura de que el espíritu de su abuela vive en el cerezo que hay en el patio de la escuela, junto a Cosimo, el protagonista de su libro favorito, El Barón Rampante.

Pero Mafalda padece la enfermedad de Stargardt, una distrofia de la mácula ocular que hace que perciba una especie de niebla o manchas negras que cada vez se hacen más grandes, hasta que llegue el día en que la oscuridad sea total. Ella intenta aceptar la oscuridad de la ceguera que sabe que es cercana con una mezcla de terror y de valentía.

La conserje de la escuela, Estella, es el extraordinario apoyo que le va a dar la fuerza necesaria a Mafalda y la ayudará a asumir su próxima e inevitable condición. La anima a escribir un cuaderno secreto con su propia lista de cosas importantes para poder. realizar. Y también, en esa lista podrá incluir las cosas que más le gustan y que no quiere olvidar.

Estrella la ayudará a aprender a subir al cerezo con los ojos cerrados para que nunca pierda la sensación que le proporciona la unión con su abuela y el sentimiento que le proporciona el estar en ese árbol.

Mafalda nos enseña el vacío de la pérdida de la visión, pero también el gran valor de la amistad y el amor, y, sobre todo, aprende que la aceptación no es renuncia. 

 

 

«Encuentra tu rosa, Mafalda. Lo que para ti es esencial. Una cosa que puedas hacer sin ojos».

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Iván Mata
aceptación, aprendizaje, cuentos, literatura infantil